Aunque me haya costado aceptar y lograr ver esto, cuando lo hice fue como sacarme una venda de los ojos. Me permitió ver con más claridad de dónde venían mis pensamientos, prejuicios, miedos y hasta mi personalidad. Aceptarme programado me permitió empezar a desaprender para así aprender desde un lugar mas saludable.

“Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no puedan aprender, desaprender y reaprender” Albin Toffler

Cuando hablo de estar programados, no me refiero solamente a “la sociedad”. Sino también a la familia (especialmente los padres), amigos, sistema educativo y laboral.

Los padres, sin quererlo y con todo el amor que están capacitados a dar, vuelcan una serie de frustraciones sobre los hijos. Frustraciones, vestidas de amor (porque son los padres), que llevan a los hijos a generar dependencia o rechazo. Cualquiera de los dos caminos no es positivo, ya que los hijos toman a los padres como punto de referencia para saber dónde posicionarse (Es un tema profundo el de los padres, por lo que hare más adelante una entrada espacial).

Cuando se empiezan a forjar las primeras amistades por decisión o por descarte uno termina cayendo en un personaje. El gracioso, el callado, el estudioso, el vago, el líder, etc. Pocas veces, o casi nunca, durante los años de escuela uno se anima a romper con ese patrón para mostrarse más verdadero y autentico. Es más cómodo quedarse con el lugar que le toco y cumplir con lo que los demás esperan que haga uno. Aunque incomode el papel, más incómoda enfrentar la situación.

El sistema educativo esta pensado para enseñarle a la sociedad de la era industrial. La era cambio y la forma de enseñar no. Si nos remontamos muchas décadas atrás, la forma de enseñar era la del aprendiz. El carpintero que tenia mucha experiencia le enseñaba al joven que recién empezaba. Con el tiempo el joven se volvía en un carpintero experimentado y tomaba a un joven como aprendiz. Cuando llegaron las fabricas en las que se necesitaba enseñarles a varias personas lo mismo, las universidades pusieron a 50 personas en un aula y le enseñaron a todos lo mismo. Hoy seguimos igual. Aprendiendo cosas que no aplicamos en nuestra vida, sin atender cuestiones con las que se lidia a diario.

El sistema laboral no se queda atrás. Trabajar ocho horas (a veces 10 o 12) por un sueldo a fin de mes. La mayoría de la gente no es consciente que, por no luchar por sus sueños, termina luchando por los sueños de otro. Pero “es lo que hay que hacer”. Entonces se vive toda la semana esperando el viernes para recién ahí, con suerte, poder ser feliz. Si no es que se cuenta con un celular corporativo que puede sonar a cualquier hora cualquier día.

Con todo esto no quiero decir que haya que echarle la culpa a ninguno de estos cuatro grupos. Todo lo contrario, están buenísimas las universidades y los trabajos en relación de dependencia. A lo que voy es que, de hacerlo, que sea de forma consciente. Si entras a una universidad que sea porque vas a pasar los mejores años de tu vida estudiando lo que amas y no porque HAY QUE tener una carrera universitaria. Porque va a terminar siendo una carga muy pesada. Tenemos ejemplos en todas partes.

La pregunta del final: ¿Qué hago con todo esto? Observate. Preguntate y repreguntate. Algunas preguntas puede que no tengan respuesta aun, pero hacetelas igual. Tenelas presente. Lo importante es estar consciente. Abrir los ojos. Dejar de hacer las cosas porque “es lo que hay que hacer” y empezar a hacer lo que “deseo hacer”. Algunas preguntas pueden ser ¿Qué estoy haciendo en mi vida? ¿De todo lo que estoy haciendo qué me hace vibrar fuerte el corazón? ¿Estoy contento con lo que hago? ¿Cuáles son mis prioridades? ¿Hago lo que deseo o lo que tengo que hacer? ¿Me doy espacio para pensar cada día un rato en mí? ¿Cuál es mi sueño?